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Francis Vaz
LA ISLA DEL COÑO AZUL
sale al estrado y nos
mira
orgullosa y soberbia,
levanta el brazo
amago de látigo que
nos fustiga
y nos dice: Eh! Yo
soy el verdugo
y con mi coño azul
orino en la cara de los hombres.
Luego, más tarde, en
la soledad nocturna de la cama
echa de menos a ese
cabrón que le anuda el alma,
el que la apaleaba,
la obligaba durante días
a estar de rodillas
esperando la nieve
sobre su cara.
Aquel cabrón siempre
decía que añoraba el mar,
que una isla sin mar
es imposible,
entonces ella
impregnó de añil su pubis
y tumbada sobre la
cama, desnuda, le decía:
mira corazón:
girándome un poquito
podrás ver incluso el
horizonte
de
ARTISTAS, POR
SUPUESTO (Ed.
Bar 1900, Huelva), 2002 |